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de enero antes de Epifania (Id=56)
Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, para que
recibiéramos la dignidad de hijos adoptivos.
Misit Deus Fílium suum,
factum ex mulíere, ut adoptiónem filíorum recipéremus.
Oremos:
Señor, que has comenzado de modo admirable la obra de redención de la humanidad
con el nacimiento de tu Hijo; concédenos, te rogamos, una fe tan sólida que,
guiados por el mismo Jesucristo, podamos alcanzar los premios eternos que nos
has prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El que permanece en Dios no peca
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
3, 22-24; 4, 1-6
Queridos hijos: Puesto que cumplimos los mandamientos de
Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de él todo lo que le
pidamos. Ahora bien, éste es su mandamiento: que creamos en la persona de
Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto
que nos dio. Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En
esto conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece en
nosotros.
Hermanos míos, no se dejen llevar de cualquier espíritu, sino examinen toda
inspiración para ver si viene de Dios, pues han surgido por el mundo muchos
falsos profetas. La presencia del Espíritu de Dios la pueden conocer en esto:
Todo aquél que reconoce a Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne, es de Dios.
Todo aquél que no reconoce a Jesús, no es de Dios, sino que su espíritu es del
anticristo. De éste han oído decir que ha de venir; pues bien, ya está en el
mundo.
Ustedes son de Dios, hijitos míos, y han triunfado de los falsos profetas,
porque más grande es el que está en ustedes que el que está en el mundo. Ellos son
del mundo, enseñan cosas del mundo y el mundo los escucha. Pero nosotros somos
de Dios y nos escucha el que es de Dios. En cambio, aquél que no es de Dios no
nos escucha. De esta manera distinguimos entre el espíritu de la verdad y el
espíritu del error.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo 2
Yo te daré en herencia las naciones.
Dabo tibi gentes hereditátem tuam.
Anunciaré el decreto del Señor. He aquí lo que me dijo:
"Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy. Te daré en herencia las
naciones y como propiedad, toda la tierra".
Yo te daré en herencia las naciones.
Dabo tibi gentes hereditátem tuam.
Escuchen y comprendan estas cosas, reyes y gobernadores de
Yo te daré en herencia las naciones.
Dabo tibi gentes hereditátem tuam.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, Aleluya.
Tu palabra, Señor, es verdad;
santifícanos en la verdad.
Aleluya.
Ya está cerca el Reino de los cielos
†Lectura del santo Evangelio según san Mateo
4, 12-17.23-25
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que Juan había sido
arrestado, se retiró a Galilea y, dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir
a Cafarnaún, junto al lago, en territorio de Zabulón
y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:
"Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los paganos; el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz.
Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció".
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo:
"Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos".
Y andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena
nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.
Su fama se extendió por toda Siria y le llevaban a todos los aquejados por
diversas enfermedades y dolencias, a los poseídos, epilépticos y paralíticos, y
él los curaba. Lo seguían
grandes muchedumbres venidas de Galilea, Decápolis,
Jerusalén, Judea y Transjordania.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Recibe,
Señor, con bondad las ofrendas de tu pueblo y concédenos que las realidades que
creemos por la fe, las consigamos por este sacramento celestial.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Cristo, luz del mundo
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria
brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que conociendo a Dios
visiblemente, él nos lleve al amor de lo invisible.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
Yo he vencido para que tengan vida, y la tengan abundante,
dice el Señor.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Señor Dios, que nos unes a ti por la participación en este sacramento,
concédenos obtener toda su eficacia para que, así, la recepción de este don
tuyo nos haga dignos de seguirlo recibiendo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.